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Q uizás la consecuencia económica más directa e inmediata de la caída del Muro de Berlín sea su conversión en un atractivo turístico. El mismo 10 de noviembre de 1989, un día después de que se permitiera el paso a través de él, empezaron a llegar a Alemania visitantes de todo el mundo que querían vivir en persona el acontecimiento histórico.
En la actualidad millones de turistas extranjeros viajan cada año a Berlín y a otras ciudades de la antigua República Democrática (nombre oficial de la Alemania comunista) para visitar los restos del Muro, los antiguos cruces fronterizos, los diversos museos relativos al tema y cualquier otro lugar que recuerde la época de la Guerra Fría.
Más allá del ámbito turístico, la reunificación de Alemania consolidó a ese país como la principal economía de Europa, con un producto interno bruto estimado en 1.200 millones de dólares para 1990.
"La unificación alemana es el punto de partida para la consolidación de la Unión Europea como potencia económica a la altura de Estados Unidos y para la implementación de la moneda única. Esas son las expresiones puntuales de todo ese proceso de transformación", señala Emeterio Gómez, economista y profesor universitario.
Gómez explica que determinar los efectos económicos de la caída del Muro de Berlín es muy complejo porque la consecuencia fundamental es política: la liquidación del comunismo. José Guerra, director de la Escuela de Economía de la UCV, coincide en afirmar que la secuela principal de ese hecho histórico es la derrota del socialismo real.
Ambos reconocen, sin embargo, que ese efecto político también tiene un significado económico. Guerra asegura, de hecho, que el bloque soviético se derrumbó básicamente porque la economía planificada no funciona: "No hay derecho de propiedad, no hay incentivos para producir y entonces la competitividad es casi nula".
Al sustituir el régimen político comunista, además, los países que giraban en torno a la Unión Soviética también reemplazaron su modelo económico para adoptar el sistema capitalista. En este sentido, explica el economista Domingo Fontiveros, la caída del Muro de Berlín representó una expansión de los mercados.
Fontiveros añade que la apertura hacia el capitalismo de Europa Oriental ha sido tan decidida que ni siquiera el impacto negativo de la reciente crisis financiera mundial, que ha golpeado severamente a las economías de naciones que formaban parte del bloque soviético como Estonia y Hungría, ha logrado ponerla en duda.
DE BIPOLAR A GLOBAL
Lo sucedido en Alemania en 1989 también puede conectarse con la transformación hacia el capitalismo de China, indica Gómez.
"Ese proceso, aunque no fue un producto de ese hecho porque ya tenía diez años, evidentemente recibió un espaldarazo tremendo.
Ellos venían sustituyendo su comunismo muy discretamente y ese cambio se fortaleció".
Gómez agrega que la incorporación de los antiguos países comunistas al sistema capitalista mundial y la apertura de sus mercados (con más de 300 millones de habitantes) fortalecieron la globalización. "Ese proceso, que antes estaba limitado al llamado mundo occidental, se afianzó y se hizo verdaderamente global".
La lucha antiglobalizadora, por lo tanto, también puede ser vista como una consecuencia de la caída del Muro. Y dentro de ella, añade Gómez, puede ubicarse el resurgimiento de la izquierda en América Latina.
"No se deriva directamente, pero de alguna manera está conectado con esa lucha contra el capitalismo y la globalización".
Guerra afirma que el socialismo real quedó herido de muerte en América Latina tras la caída del bloque soviético. En especial porque este hecho desnudó que Cuba era una economía improductiva y dependiente, aunque el modelo pretende ser resucitado, con otro atuendo, en Venezuela.
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